12 y contando...

Hace 12 años un día como hoy, 27 de mayo me recibió por primera vez el frío santiaguino. En ese  momento jamás me habría imaginado el vuelco tan grande que daría mi vida y aunque me fui con conciencia de que mi país de origen ya no brindaba las condiciones necesarias para mí, quizás no proyectaba realmente que tantos años después yo seguiría viviendo fuera de Venezuela.

Llegué con mis dos hijos pequeños, con nuestra vida resumida en tres maletas. En Santiago nos esperaba el que en aquel momento era mi esposo. Llegamos de forma muy distinta de como llegan los migrantes actuales, vinimos como profesionales porque nos trajo una empresa chilena y nos gestionó todo lo necesario para nuestra llegada.

Recuerdo aquellos días previos a nuestro viaje, terminando de arreglar todo, verificando mi pasaje y los de mis hijos, revisando que no se nos quedara nada importante y sobretodo: llorando. No me imaginaba que sería de nosotros en otro país, que sería de mi familia que aún estaba en Venezuela, mis padres, mi hermano. al día siguiente y con muy poco dormir nos fuimos al aeropuerto de Maiquetía. Salimos temprano porque como siempre el tráfico caraqueño es algo incontrolable. Llegamos como 4 horas antes y el avión se retrasó como 7 horas mas. Momentos estresantes con mis niños pequeños, con mis papás haciéndolos dar ese viaje tan largo y prolongar la despedida mucho mas de lo previsto. Preocupación de que tuvieran que regresar de noche, porque sabemos que mi país no es el  paraíso en cuanto a seguridad.



(Fotos de el 26 de mayo cuando nos preparábamos para irnos)


Finalmente a la hora de abordar, lloré tanto, mis niños de 3 y 2 años no entendían muy bien tanto sufrimiento. Para ellos era toda una odisea lo del viaje en avión. Para mí era algo indescriptible, me alegraba el hecho de reencontrarme con el papá de mis hijos, pero me entristecía demasiado dejar a mi familia. Era un viaje directo con una parada en Perú pero en la que no bajamos del avión y no miento si digo que llegamos a Perú y yo aún seguía llorando.

Y llegó el momento de aterrizar, mas o menos 3 am del  sábado 27 de mayo, frío y tranquilo. Finalmente estábamos en Santiago.




Ese día dormí mucho, no recuerdo muy bien ni como, había dormido tan mal los días anteriores, había llorando tanto, fue tan estresante un viaje de tantas horas con dos pequeños, que necesitaba dormir, ya habría tiempo de hablar, de ver, de conocer.

Pasados los días, empezaron a pasar ciertas cosas, la migración es como un duelo, así tal cual como cuando perdemos a alguien, cuando nos separamos de alguien, hay etapas por pasar, y tu capacidad de adaptación te ayudará a pasar por esas etapas, ojalá lo mejor posible. Una vez mas, la resilencia es la palabra clave.

Sin embargo lo importante del tema, es que a pesar de que que pensaba que estaría acá un año y es mucho, hoy son 12 y contando... No cambiaría nada de todo lo que ha pasado, con sus altos, con sus bajos, me gusta mi vida, soy feliz con lo que tengo y sobretodo soy feliz en Chile, país al que le agradezco que me haya abierto sus puertas, hoy puedo decir que mi corazón es mitad Venezuela, mitad Chile. Gracias por todo!!!





Comentarios

Entradas populares